sábado, 13 de agosto de 2011


Pasaba los veranos en casa de su abuela, en Benitatxell, recorriendo con sus padres las calas de la zona. La casa, en el centro de un pinar, sin corriente eléctrica, a la que se accedía por un sendero de tierra.
Hasta que un buen día, decidió darse a la buena vida, a la vida bohemia. Con 17 años se fue a vivir a Granada, pero volvió a Valencia, porque la policía le cazó con 16 pastillas de éxtasis. Cuando el límite entre el tráfico y el consumo son 15.
Volvió a Granada, dispuesto al cambio. Empezó a estudiar técnico de sonido. El proyecto final consistía en coordinar el sonido de una obra de teatro. Pero, los actores no le hacían caso, y las críticas en los periódicos locales, fueron sólo contra el sonido. Y, claro, él se desmotivó y lo dejó. Volvió a su ciudad de origen.
Con el tiempo, en Salamanca, conoció a la madre de su hija. Esta mujer, le enseñó a hacer artesanía, macramé con piedras en forma de collar. A mi tampoco me quedo nada claro. Se fueron a Córdoba, capital de la provincia homónima, ciudad más poblada después de Buenos Aires y la más extensa de Argentina. Y allí nació Ámbar. Vivían gracias al arte de los artesanos y del trapicheo de hierba. No les fue muy bien el negocio y volvieron a Valencia. Se separaron. Volvieron a estar juntos. Una relación muy intermitente.
Esta historia me la contó Eduardo, un náufrago de la vida. Enganchado por completo a las drogas ilegales de origen vegetal. Alegó que dos días por semana eran de limpieza de pulmones, deja de consumir, por lo general martes y miércoles. Un nómada que sólo depende del dinero para seguir su camino, de como le vaya en los mercadillos medievales.
De aspecto es alto, de pocas carnes, piel morena, pelo ralo, nariz preciosa, ojos saltones y claros.
Me invitó a bucear. Yo acepté. La verdad que el chico conocía bastante bien la zona.
Me gustó bastante compartir tiempo con él. Yo estaba en la playa de Ambolo. Y es que, la piel es piel, y la carne es débil. No hay juicios de valor. Establecimos en poco tiempo un vínculo poco común. Bastaron unas gafas de buceo, aletas, toallas y horas de conversación.
Puede que vaya con él, a un festival reggae. Para que me siga contagiando su "buen rollo".
De mayor, quiero ser como tú.

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