Te he vuelto a ver, después de un año, sin saber absolutamente nada de ti, nada. A eso le llamo yo destino. Pero, no ha sido el reencuentro ocasional, lo que ha hecho que mi frecuencia respiratoria se multiplique por cuatro, y la cardiaca por tres. Y mis músculos se hayan paralizado. Eso no es lo que más me ha herido. No te has dignado a decir -Hola, ¿Qué tal?, has seguido tu camino, sin variar nada. Tan solo ha bastado un gesto con la mano. No te pensaba así. El orgullo, que todo lo destruye.
Después de compartir casi el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del Sol, es como si jamás hubieses estado en mi vida. Como una persona ajena. Me duele la piel por dentro. Después de todo lo invertido, no queda nada. El orgullo, que todo lo destruye.
Iba escuchando el disco de Mi Niña Lola, ese que tan poquito te gustaba.
Y ahora nos miramos frente a frente
y yo, ya no se ni dónde estoy
y tú no sabes ni quien eres
yo ya no sé ni lo que soy
tú no sabes ni quién eres.
Espero que todo te vaya bien. Espero tu llamada. El orgullo, que todo lo destruye.
No hay comentarios:
Publicar un comentario