miércoles, 5 de enero de 2011

Venía en blanquito, una noche a las 4 más o menos, no hace demasiados días, escuchando la canción Carmen de Los Chunguitos, no es que yo acostumbre a escuchar esa música, el disco compacto es de un miembro de mi familia, del que no os pienso desvelar su nombre por no dañar su cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo.

A lo que vamos, analizando la letra de la canción dice el estribillo:


Carmen, Carmen, voy a tener que emborracharme,

Carmen, Carmen, Carmen, porque sino nunca voy a hablarte.

Carmen, Carmen, voy a tener que emborracharme,

Carmen, Carmen, Carmen, para que tú te quedes con mi amor.


Y esto me hizo recordar que dos personas próximas a mi ser, me refirieron en cierta ocasión, una que no salía porque sino caía en la tentación de consumir una droga adictiva que se obtiene de las hojas de la coca, y la otra que tampoco salía porque estaba tomando una medicación y no podía ingerir líquidos que contuvieran alcohol etílico.

Y yo, aquella noche no extrañé ni una cosa ni la otra, lo pasé genial platicando trina en mano.

Es patético dejar de hacer cosas, bailar, cantar, engañar, ligar,.. por no tomar sustancias de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno.

Pero, parece que así funciona la cosa.


1 comentario:

  1. de acuerdo sin duda, mas parece que así no funciona la cosa como bien dices, aún hay muchas personas (primates) que necesitan de estas sustancias para pasarlo bien, quizá por falta de autoestima o vergüenza

    ResponderEliminar